La tragedia de Pozo del Tigre invita a reflexionar, entre otras cosas, el ejercicio de la solidaridad, de la ayuda apasionada y su anclaje en la imagen del otro necesitado. A rumiar cuándo y cómo la maquinaria solidaria torna en virtuosa convicción desinteresada y cuándo no. A discutir esa gimnasia pulcra, material, siempre paternal, en muchos casos no planificada.
Algún día habrá que replantearse el ejercicio solidario, sus intenciones, la construcción preliminar del otro. Quizás entonces, solo entonces, la población beneficiaria dejará de ser el último orejón del tarro.
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